26 May 2019

Mutilaciones

Escriben: Las Mostras. El aquí y ahora de las ausencias de Micaela García y Ornella Dottori, víctimas del estado patriarcal, de la injusta justicia, de la simbiosis entre la degeneración y el imaginario colectivo machista que si bien no avala la última expresión, el femicidio, recrea las estructuras del intermedio. Ese intermedio que no sólo se reproduce en los estereotipos cotidianos, mediáticos, eclesiásticos, gubernamentales y sociales, sino que parece revelarse cada vez más ante los movimientos que se perciben desde sectores militantes y activistas que pretenden la igualdad de género como única forma de expresión genuina de la convivencia

Micaela
Micaela

El aquí y ahora nos hace necesario repensarnos y la urgencia de reinventarnos.

El aquí y ahora de las ausencias de Micaela García y Ornella Dottori, víctimas del estado patriarcal, de la injusta justicia, de la simbiosis entre la degeneración y el imaginario colectivo machista que si bien no avala la última expresión, el femicidio, recrea las estructuras del intermedio. Ese intermedio que no sólo se reproduce en los estereotipos cotidianos, mediáticos, eclesiásticos, gubernamentales y sociales, sino que parece revelarse cada vez más ante los movimientos que se perciben desde sectores militantes y activistas que pretenden la igualdad de género como única forma de expresión genuina de la convivencia.

Golpe, por golpe, nos siguen matando. Nos mutilan desde la primera infancia, en cada debilidad que se nos adjudica, en el espacio pasivo de las decisiones y, contrariamente, en el espacio activo heredado de las demandas de tareas domésticas, demandas de belleza, demandas morales irracionales que devienen del rol que nos perpetúan, la maternidad.

Nos mutilan en el acoso callejero, en la desigualdad de la remuneración salarial y los puestos jerárquicos, como así también en las arcas estatales cuando demandamos respuestas. Las respuestas vienen desde el núcleo machista de la construcción social que necesitamos socavar hasta lo más profundo y revertir.

Nos mutilan cuando nuestros nombres, en femenino, se introducen en el listado de desaparecidxs en democracia. Aún esperamos a Marita Verón y las demás compañeras. Nos mutilan, mucho antes de asesinarnos. Nos mutilan en la detención de Higui, que en defensa propia apuñaló a uno de los diez agresores que intentaban violarla. Agresores que suponían que la mujer sin hombre no es mujer, y atropellaron su sexualidad.

Nos mutilan cuando nuestros familiares varones nos ven como el objeto sexual de la familia. Nos violan, a la vista de todos los que dicen no haberlo visto, nos violan. Y un día nos matan, como a Florencia Di Marco en San Luis. Nos mutilan cuando benefician a un cura pedófilo a salir de la cárcel, de la misma forma que beneficiaron al agresor de Micaela. O cuando los vericuetos judiciales nos obligan a cruzarnos a nuestros abusadores en la calle, como sucede con nuestra joven vecina, Fernanda. Nos mutilan cuando no somos dignas de defensa, según la militancia que hayamos caminado. Nos mutilan en la represión, como a la compañera que atropellaron salvajemente las fuerzas policiales en el comedor de Lanús, y le sustrajeron la alegría que esbozaba porque iba a ser madre.

Necesitamos que se comprenda la urgencia de extirpar de raíz las consideraciones de nuestro género que no han sido implantadas precisamente por nosotras. Las hemos heredado y no pensamos cargarlas. Y también necesitamos que en el marco de violencia, en el que actualmente nos desarrollamos y donde la urgencia nos distrae, podamos reflexionar sobre nuestro accionar. Sobre los estereotipos. Sobre lo irracional. Escucharnos cuando hacemos una valoración y desenredar de dónde vienen esos conceptos.

En estos días nos invade la rabia, esa que por momentos  no nos deja respirar, o nos ahoga en un llanto colectivo. Nos matan. Todo el tiempo, en cualquier lugar. Nos dicen que estamos locas, que hacemos quilombo, y cómo no hacerlo si todos los días nos despertamos teniendo una compañera menos. Nos invade la rabia, pero la transformamos en lucha. Micaela y Ornella, no volverán. Queremos que  vuelva Araceli Fulles, a quien estamos buscando.

Aprovechamos, además, para abrazar a nuestras compañeras y compañeros en la lucha docente. Un país de desigualdades, es un país sin convivencia.

Somos Las Mostras, y además de querernos vivas y libres, nos queremos con todos los Derechos Humanos garantizados. Para nosotras, para ustedes, para todas y para todos.