26 Oct 2020

Murió Alberto Balestrini: Una de las cartas más difíciles que me ha tocado escribir

Escribe: Jorge Matheus. Editor de Infoecos y de Las Radios de Trenque Lauquen (AM 1280 y FM 88.5). Fue Director General de Prensa del Senado de la provincia de Buenos Aires durante la gestión de Alberto Balestrini. Como dice la magnífica letra de Cortéz: «cuando un amigo se va, no lo puede llenar la llegada de otro Amigo». Alberto Balestrini, murió este martes a los 70 años. Fue vicegobernador de la provincia de Buenos Aires entre 2007 y 2010; presidente de la Cámara de Diputados de la Nación entre 2005 y 2007; intendente de La Matanza entre 1999 y 2005; y convencional constituyente, en 1994.

Balestrini (2)Una de las cartas más difíciles que me ha tocado escribir:

Hace exactamente, siete años y cuatro días que no te veo estimado Alberto, cuando a través de una de las personas que más quiero acabo de enterarme de tu partida. Un infinito dolor se apoderó del cuerpo y alma. Te apreciaba, como a pocos, en este mundo tan apasionado, pero hóstil y por momentos mugriento, que es la política.

Fue duro enfrentar aquel 7 de Abril de 2010 cuando debimos casi concentrarnos en el Hospital General San Martín de la ciudad de La Plata. Perdí la cuenta sobre la cantidad de partes médicos que elaboramos desde la dirección de ese efector de salud (que publicábamos por correo electrónico, en esta cuenta, en las páginas de la cámara alta bonaerense), de mensajes telefónicos, de consultas periodísticas, visitas, etcétera.

Alguna vez conversamos, aunque ni tus más íntimos lo sepan, que a los Amigos se los valora, respeta, considera, enaltecen, cuando están vivos. De nada vale el reconocimiento cuando emprenden lo que millones – aunque con ciertas dudas – estimamos es el camino hacia la eternidad.

También hablamos más de una vez cuando mirábamos secuencias de los partidos del Barcelona – entre semana – sobre el verdadero valor de los afectos, y cuando la misma quedaba definitivamente concebida. «No tiene nada que ver con el poder institucional. La amistad es confianza, entrega, leña, asado». Entrecomillé una opinión compartida.

Recuerdo en estas horas las largas charlas telefónicas desde tu condición de Senador Provincial hasta la gestión como Vicegobernador; los llamados para que aceptara el desafío propuesto; y muy – especialmente – las mantenidas en el contexto del conflicto con el sector agropecuario, y las tareas que encomendaste por ser habitante de la Pampa Húmeda; la relación que mantenías con los medios y sus ejecutores; la única entrevista que en tres años concediste a un programa de televisión de canal importante; la nota escrita por un periodista de buena pluma sobre la actitud de caballero que te caracterizaba; las ironías en torno a ciertas cuestiones de Estado; la visita a las oficinas refaccionadas del área de prensa del Senado de la Provincia; el sueño de que hubiese un nuevo espacio para los legisladores, anexo que se terminó y lleva tu nombre; la decisión transmitida de no hacer diferencias y tratar de medir a todos con la misma vara; los discursos escritos y corregidos decenas de veces, hasta que «calzaran»; la recomposición de relaciones rotas como consecuencia de la evaluación sobre la «repartija» de los espacios, y que no alcanzaron los resultados deseados; la recomendación de cuidar los domingos, donde deberían evitarse reuniones para la «rosca», y dar todo el tiempo a la familia y el fútbol. En tu caso, el amado Vélez Sarsfield.

Guardo algo de rencor para aquellos que no supieron interpretar el compromiso que nos unía y jamás entenderán que nuestro código era saber sostener el equilibrio, el silencio cuando era necesario, el lugar que ostentabas en las grandes definiciones de la vida, pero sobremanera en la política. Nunca jamás los códigos de los mafiosos o de quienes se escudan en cargos para sostener sus privilegios.

No olvidaré hasta el último instante que me quede, como ciertos personajes contaron como se dice en este ámbito, los «porotos», y hasta tuvieron ingratas acciones con los que te habían acompañado bien, y sin pedir nada a cambio.

Por estos dos párrafos anteriores es que no me gusta hacer despedidas a quienes han transitado por los azarosos caminos del poder público. Porque son muchos los que prefieren silenciarlos y es ahí donde queda como escrito a fuego que «en la política está lo más excelso, pero también lo más miserable». Se van, muchas veces, en discursos poco sentidos. Lo hacen para el bombo y la tribuna.

Tenía pensado conducir el programa de radio, esta tarde, después de un fuerte cólico, que quiere reaparecer con la tristeza. Opté, entonces, por dedicar este tiempo a reflexionar sobre las pérdidas irreparables, como también hasta donde somos capaces los hombres, individualmente, de reconocer la generosidad y solidaridad de nuestros verdaderos Amigos.

No habrá post en la madrugada de mañana, en la cuenta de Facebook.

Habrá imaginariamente un espacio vacío.

Como dice la magnífica letra de Cortéz: «cuando un amigo se va, no lo puede llenar la llegada de otro Amigo».

Gracias por todo, querido Alberto Balestrini.