22 Ago 2019

Los pobres nos pagan la Universidad

Por Rolando Citarella (Economista). «Los pobres argentinos le pagan la universidad a ciudadanos de clases pudientes de países vecinos, que vienen a Argentina, justamente, porque en su país no existe un sistema “gratuito” como el nuestro. Es que ningún otro país tiene un sistema de semejante injusticia. Ni los más ricos. Menos aún entonces, puede justificarse en un país como el nuestro, con un 30 % de pobreza, y un déficit fiscal enorme». Debo decir además, que hay otros males que se derivan de este sistema universitario “gratuito”, pero los comentarios que merecen, quedan para una próxima nota.

Universidad Nacional de La Plata

Me crié en una familia de clase media o media-baja, y merced al peculiar sistema universitario argentino, pude obtener, al igual que mis dos hermanos, un título profesional, que sin duda, fue el factor más importante que nos permitió ascender algún peldaño más en la escala social. Genial. Pero, ¿Esto que fue bueno para nosotros, ha sido bueno para todo el país?

La respuesta a este interrogante, requiere repasar el mencionado sistema universitario, cuyos rasgos más salientes, y que lo hacen único en el mundo, son los siguientes: público, libre y gratuito.

Creo que el problema surge a partir del mal uso que se hace de la palabra gratuito, al menos en nuestro país. Pocas cosas en la vida son gratis. Menos aún, la educación. Cuesta plata, y mucha más en el caso de la universitaria. Son importantes los recursos que se destinan a construir un edificio y mantenerlo, más los salarios de profesores, personal no docente, ordenanzas, materiales, etc. No es para nada gratuita. Sí lo es para el que concurre a la universidad, pero no lo es para la sociedad en su conjunto, que la sostiene mediante el pago de impuestos.

Se deriva de lo anterior, lo siguiente: ¿quién lo paga y quién recibe el beneficio? En la educación primaria y secundaria, es claro que toda la sociedad aporta y toda la sociedad recibe el servicio. Si los ricos pagan más impuestos que los pobres, y ambos reciben el mismo servicio, hay una clara transferencia de ingresos de ricos a pobres. Y está bien que así sea, ya que esto está entre las funciones inherentes al Estado. Es decir, con el dinero de todos, se van cubriendo necesidades básicas, desde las capas más pobres de la sociedad, hacia arriba.

Bueno, esto es lo que no pasa en el nuestro sistema universitario. Ya que si bien está abierto a toda la sociedad, es claro que los pobres acceden en muy baja proporción, por lo siguiente: a) porque aún no pagando nada a la universidad, no tienen la plata necesaria para el mantenimiento de los hijos que estudian (alquiler, comida, transporte, etc.); y b) porque el porcentaje de pobres que hoy termina la secundaria, lamentablemente no llega al 30%. Por lo tanto, hoy en Argentina, la educación universitaria es un subsidio de los que mayormente no estudian (clase baja), hacia las clases que usan la universidad (clases media y alta), lo cual constituye un despropósito.

Graficando el esquema ingreso-gasto del estado, podríamos a decir que la recaudación fiscal es una pirámide invertida, por cuánto pagan más los de arriba que los de abajo. En el caso del gasto, la figura se invierte, Ahora es una pirámide normal, en cuya base, donde están los menos pudientes, el gobierno pone la mayor cantidad de plata, y de allí va disminuyendo, a medida que ascendemos hacia las clases más altas. Pero en el caso de la educación universitaria, la figura no es una pirámide normal, sino un rombo. El gasto se concentra en el medio de la escala social.

Toda esta situación es terriblemente anómala e injusta. A tal punto llega esto, que los pobres argentinos le pagan la universidad a ciudadanos de clases pudientes de países vecinos, que vienen a Argentina, justamente, porque en su país no existe un sistema “gratuito” como el nuestro. Es que ningún otro país tiene un sistema de semejante injusticia. Ni los más ricos. Menos aún entonces, puede justificarse en un país como el nuestro, con un 30% de pobreza, y un déficit  fiscal enorme.

Debo decir además, que hay otros males que se derivan de este sistema universitario “gratuito”, pero los comentarios que merecen, quedan para una próxima nota.

Uno de los escasos argumentos que he escuchado en contra de lo que describo en estas líneas, hace hincapié en que: “los pobres no pagan impuestos”, por lo que no puede decirse que ellos financien el gasto público. No es así. Supongo que el razonamiento apunta a que los pobres no pagan impuestos a las ganancias y bienes personales, lo cual es cierto. Pero pagan impuestos más grosos que esos, como IVA, ingresos brutos, débitos y créditos bancarios, etc., cuando hacen sus consumos mensuales de bienes y servicios. Más aún, en varias actividades económicas, muchos de aquellos impuestos personales se pueden trasladar a precios, con lo cual, también los pagan los pobres.

Y como si todo esto fuera poco, los pobres sufren, quizás más que cualquier sector de la escala social, un impuesto muy importante en nuestro país: la inflación.

Duele decirlo, pero es así.