Cuando Eduardo Galeano, fallecido este lunes, escribió sobre ‘Trenque’ y «Nolo» Ferreira

«Fue en 1929, la selección Argentina enfrentaba a Paraguay. Nolo Ferreira traía la pelota desde lejos. Venía abriéndose camino, apilando gente, hasta que de buenas a primeras se encontró de cara a toda la defensa, que formaba un muro…

Nolo Ferreira
Nolo Ferreira
Así escribió Eduardo Galeano, periodista, escritor y ensayista, que falleció este lunes, sobre Manuel «Nolo» Ferreira, cuyo nombre recorrió el mundo. Nacido y criado en Trenque Lauquen, estudió en La Plata y se consagró jugando en Estudiantes de La Plata y la Selección Argentina».

«Fue en 1929, la selección Argentina enfrentaba a Paraguay. Nolo Ferreira traía la pelota desde lejos. Venía abriéndose camino, apilando gente, hasta que de buenas a primeras se encontró de cara a toda la defensa, que formaba un muro.

Entonces Nolo se detuvo. Y allí parado, se puso a pasear la pelota de un pie al otro, de uno a otro empeine, sin que ella tocara el suelo. Y los adversarios balanceaban la cabeza de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, todos a la vez, hipnotizados, clavada la vista en el péndulo de la pelota. Duró siglos aquel vaivén, hasta que Nolo encontró el hueco y de pronto disparó: la pelota atraveso la muralla y sacudió la red.

Los agentes de la policía montada se bajaron de los caballos para felicitarlo. En la cancha había 20 mil personas, pero todos los argentinos juran que estuvieron allí».

Manuel Nolo Ferreira
Manuel Nolo Ferreira

El sitio web español, cuya dirección es http://www.futbolprimera.es/ bajo el título El ‘Abecedario del Fútbol’ escribió también sobre esta nota del uruguayo que se ganó un lugar en la literatura:

No solo Eduardo Galeano se atrevió a dedicarle unas palabras a Manuel Ferreira sino que tanto un tango argentino como el estadio de su ciudad natal, Trenque Lauquen, llevan su nombre. Por algo será y no precisamente por su mal hacer dentro del campo. Nolo, como comúnmente se hacía llamar, era inteligente y ejercía de líder allá por donde iba. Su compañero, Zozaya aseguró que se trataba del verdadero director técnico del equipo. Organizaba y creaba las jugadas que posteriormente eran ensayadas durante los entrenamientos. No necesitó de títulos de nivel para que su nombre diera la vuelta al mundo.

«En Uruguay-30 protagonizó varias anécdotas que pasarían a la historia de los mundiales. Era el capitán del equipo y, después de debutar frente a Francia, pidió permiso para examinarse en la Universidad de Buenos Aires. Se dice que cuando llegó le pusieron un diez para que volviera junto con sus compañeros. Llegó a tiempo para disputar el último partido de la primera fase ante Chile y participar en el resto de encuentros hasta la final, donde les esperaba Uruguay. Aquel partido presentó un nuevo problema. Uruguayos y argentinos estaban habituados a jugar con balones distintos y cada uno quería utilizar el suyo.

Se tomó una decisión equitativa: cada tiempo se jugaría con una pelota para que ambos estuvieran contentos. A juzgar por el resultado de una parte y de la otra, parece que tenía sentido. La primera mitad se disputó con el balón de los argentinos, que se marcharon al vestuario con ventaja 2-1, después de remontar el marcador. Los uruguayos pusieron el esférico en el segundo tiempo, no se lo dejaron en ningún momento a los rivales, consiguieron el resultado parcial de 3-0, por lo q se proclamaron campeones gracias al 4-2 global. De nuevo, Argentina se quedaba a un paso de hacerse con un campeonato de relevancia.

Mientras el resto de sus compañeros emigraban – Lauri, Guaita y Scopelli a Europa y Zozaya a Bella Vista de Montevideo y Racing -, Nolo Ferreira jugaba dos temporadas en River junto a Renato Cesarini, Bernabé Ferreyra o Carlos Peucelle, antes de regresar de nuevo a Estudiantes. Se retiró a temprana edad, sin haber cumplido los 28 años, debido a una lesión de menisco. Tras colgar las botas se dedicó a ejercer su profesión, abogado, que compaginaba con la de comentarista y columnista deportivo para Clarín y La Nación, llegando a ser corresponsal en el Mundial de 1954. Varias décadas más tarde, aunque se afirme que lo hizo en México, fallecería en Barcelona pero su recuerdo permanecerá vivo gracias a aquel antológico gol que Eduardo Galeano quiso rememorar en su libro: El fútbol a sol y sombra.