Gobierno Nacional

El actual gobierno nacional, es claramente impopular. Aunque sus funcionarios se esmeren en explicar cómo las principales variables económicas se van a ir acomodando con el transcurso del tiempo, lo cierto es que la sociedad argentina, en su gran mayoría, está hoy en peor situación, en términos de bienestar, de lo que estaba al final del gobierno kirchnerista.

Concretamente, el ingreso disponible de las personas, ya no alcanza a cubrir los mismos consumos que tenían tres años atrás, porque ahora hay que pagar más (mucho más en realidad), en concepto de luz, gas, agua, y hasta por el fútbol. Además, como consecuencia del aumento del tipo de cambio al momento de comenzar la gestión Macri, de $ 9,60 a $ 15, el precio de los productos transables (exportables e importables), lo hizo en igual medida. Y lo mismo ocurrió por la baja en las retenciones agropecuarias.  Todo esto es inobjetable. Los números no mienten. En esto está la explicación de la caída en el apoyo que ha tenido el gobierno, desde que asumió. Sin embargo, esa pérdida no es comparable a la pérdida de bienestar que mencionamos en el párrafo anterior. Quiere decir que hay sectores de la sociedad, que aún perdiendo nivel de vida, siguen apoyando al gobierno, porque comprenden que el modelo anterior era inviable. Y éste es el tema a discutir: ¿era sustentable el modelo anterior?

A lo largo de toda la gestión del kirchnerismo, el desempleo bajó del 17% en 2003, al 5,9% a fines de 2015. El problema es que esa baja fue como consecuencia de un aumento impresionante en el empleo público, que pasó de 2,3 millones de personas, a 4 millones (74 % de aumento).  Aumentos más o menos similares se dieron en algunas pasividades, planes sociales y subsidios varios. Como resultado, el gasto público total, pasó de un 30% del PBI, a rondar el 45%. O sea, un aumento del 50% en su participación. Entonces, si ya era difícil sostenerlo en el 30% (las crisis de 1989 y 2001, son contundentes al respecto), ¿qué posibilidades hay de mantenerlo en forma permanente en el 45%?

En la búsqueda de financiar genuinamente ese nivel de gasto público, el kirchnerismo fue elevando sostenidamente la presión fiscal, hasta alcanzar un récord histórico, lo cual destrozó la ya complicada competitividad de las empresas argentinas. La caída del PBI a partir de 2013, fue un claro indicador al respecto. ¿Se podía mantener esta situación?

Aún con ese récord en la presión impositiva, el déficit fiscal resurgió con fuerza a partir de 2008, y al momento del cambio de gobierno, el mismo llegaba al 8% del PBI, guarismo muy similar a los alcanzados en los momentos de crisis importantes (1975, 1989 y 2001). ¿Cuánto tiempo se puede mantener un déficit de tal magnitud, sin terminar en una crisis similar a aquellas?

Las reservas del Banco Central, que treparon desde los u$s 10.000 millones en 2002, hasta los u$s 52.000 millones en 2010, a partir de allí no pararon de caer, y a la entrega del poder a fines de 2015, las mismas estaban en el 50% de aquel pico histórico. ¿Era posible parar esa persistente caída en las reservas, manteniendo el dólar en $ 9,60, y a fuerza de cepo cambiario?

El mantenimiento de tarifas políticas en los servicios públicos, que operó durante los años del kirchnerismo, llevó a que los argentinos termináramos pagando por esos servicios, apenas el 10% de lo que pagaban nuestros vecinos del cono sur. Eso derivó en una alarmante caída nacional en la producción de gas y electricidad, que pudo ser cubierta en base a importaciones, que llegaron a totalizar una cifra cercana a los u$s 15.000 millones anuales. ¿Era sustentable eso?

En términos de deuda pública, los números indican que durante el kirchnerismo la deuda bajó, y en lo que va del gobierno actual, la deuda subió. Esto es así. Pero merece algunas aclaraciones. En primer lugar, durante el gobierno anterior se hizo el canje de deuda, lo cual implicó una baja de la misma. También en ese período, el gobierno tomó los fondos que estaban en la AFJP, que pudieron utilizarse en alguna medida, sin necesidad de endeudarse. Y por último, durante el gobierno anterior, ya sea porque no se podía o porque no se quería, lo cierto es que el déficit fiscal no se financió con deuda, sino con emisión de dinero. La pregunta aquí entonces, sería: ¿Se podía seguir financiando el déficit fiscal con emisión de dinero, sin caer en una hiperinflación?

Seguramente, cada uno tendrá su punto de vista para responder todos estos interrogantes. Pero debemos reconocer, que la evidencia empírica no muestra algún ejemplo internacional que nos indique que aquel modelo pueda ser sustentable en el tiempo.

En mi opinión, de haber continuado el anterior modelo, hoy estaríamos mucho más cerca de la realidad venezolana: La caída del PBI no se hubiera detenido; el cepo seguiría más vigente; la brecha entre el dólar oficial ficticio y el paralelo real, sería enorme; los cortes de gas y luz estarían a l orden del día; la inviabilidad de las empresas sería mayor que la actual; y seguramente, la inflación, sería más alarmante de lo que es hoy. La conclusión entonces, es que efectivamente este es un gobierno impopular, pero que está haciendo, o intentando hacer, …… algo de lo que necesariamente hay que hacer. Lo cual no quiere decir que sea suficiente, como para alejar el fantasma de una nueva crisis.

  • Rolando Citarella – Economista – Conductor programa en Las Radios de Trenque Lauquen (AM 1280 y FM 88.5), los sábados entre las 10.00 y 13.00 horas