Nazar, Juan Ramón extraída del diario La Opinión de este jueves

Nazar, Juan Ramón extraída del diario La Opinión de este jueves

Fueron sepultados esta tarde en el cementerio de Trenque Lauquen, los restos mortales de Juan Ramón Nazar, que se desempeñara durante muchos años como director del diario La Opinión.

Reconocido a nivel nacional e internacional, Nazar ejerció la tarea periodística y empresaria relacionada con los medios desde Editorial Trenque Lauquen Sociedad Anónima. Tuvo una prolífica actividad en el mundo del empresariado argentino que lo llevaron a ser Director del Banco de la Provincia de Buenos Aires, durante la gestión del doctor Eduardo Duhalde, como gobernador.

Juan Ramón Nazar tenía 88 años.

La empresa que condujo lo despidió en tapa con un artículo firmado por Ana María Ford, bajo el título: Hasta Mañana, Juan, y en páginas interiores se refiere a su trayectoria en distintos ámbitos, lo que reproducimos en forma textual:

Nazar, Juan Ramón artículo publicado en la edición de este jueves

Nazar, Juan Ramón artículo publicado en la edición de este jueves

Actividad gremial empresaria

Miembro activo de la Cámara de Comercio e Industria de Trenque Lauquen y presidente de la entidad hasta 1976, a la que renuncia cuando se produce el golpe militar que derribó al gobierno constitucional. Durante su gestión se gestiona la instalación de los teléfonos automáticos para Trenque Lauquen con señalado éxito y se construye el barrio de viviendas El Fortín.

Desde la entidad, impulsó la creación de la mayoría de las cámaras empresarias del oeste bonaerense y constituyó la Federación Económica del Noroeste Bonaerense de la cual fue su primer presidente. La misma se disolvió cuando se instala la última dictadura militar en el país.

Después del año 1965 se vincula con la Confederación General Económica de la República Argentina. Fue miembro de su Consejo Superior y llegó a la vicepresidencia de la entidad nacional. Desde ese lugar impulsa la creación de la Confederación Económica de la Provincia de Buenos Aires y llegó a ocupar la presidencia de la misma.

En 1972 siendo presidente de la CGE el señor José Ber Gelbard, le propone a éste la creación de una obra social para los pequeños y medianos empresarios. Así surge la Obra Social APS, la primera obra social de los empresarios que llegó a tener 400 mil afiliados titulares en todo el país. Por el paso de los distintos gobiernos militares la obra social terminó disuelta.

Con su empresa –Editorial Trenque Lauquen S.A. que es su fundador junto a otros empresarios- es uno de los miembros más antiguos de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA).

Funciones públicas

Secretario General de la Municipalidad de Trenque Lauquen (1958/62)
Concejal durante más de un período y presidente de bloque
Director de la Corporación de la Pequeña y Mediana Empresa (COPYME) en el ámbito del ministerio de Economía de la Nación (1974/75).
Director del Banco de la Provincia de Buenos Aires (1992/97) y director de la Corporación de Empresas del Bapro hasta el año 2000.

Actividad profesional

Periodista. Fundador y director de la revista Atalaya del Oeste (1957)
Director propietario del periódico “Tribuna” (1972)
Corresponsal del diario “Clarín” de Buenos Aires durante 15 años
Colaborador de periódicos y revistas de la zona y de Capital Federal
Director propietario del diario La Opinión de Trenque Lauquen
Presidente de Vértice S.A. propietaria de Radio Omega

Nazar, Juan Ramón tapa de la edición de este jueves del diario La Opinión

Nazar, Juan Ramón tapa de la edición de este jueves del diario La Opinión

Hasta mañana, Juan

Escribe para La Opinion: Ana María Ford

Con la misma impronta silenciosa  y serena con la que vivió sus últimos años, murió Juan Ramón Nazar, nuestro director. Sus restos recibirán sepultura este jueves, 16 de marzo de 2017, a las 16:00 horas.
Era del cuño de los que viven haciendo, entregando sus conocimientos sin mezquindades, soñando siempre con un país mejor, con una sociedad más justa, apostando a que todos quisiesen ser más antes que tener más.
Siempre se sintió cómodo en la trinchera como le gustaba llamar a los distintos sitios de responsabilidad en los que eligió pelear. En su discurso siempre hubo lugar para la calidez y el gracejo y para las palabras filosas que denunciaban injusticias y arbitrariedades.
La lectura nutrió su intelecto y su corazón. Fue un apasionado de la historia e hizo suyo el legado de los próceres  que hicieron la Patria. Se le encendían los ojos y se le inflaba la voz para hablar de San  Martín, de Belgrano, de Alberdi y de Moreno, el padre del periodismo argentino.
Cuánto tendría para hablar de vos, Juan, tras más de treinta años de caminar juntos las horas lindas y las no tan gratas de La Opinión. Tantas charlas, tantas discusiones y hasta peleas encendidas. Tantos cambios tecnológicos y la permanencia de los ideales.
En este momento me acuerdo de los versos de Francisco Luis Bernárdez que te gustaban tanto “… porque lo que el árbol tiene de florido / vive de lo que tiene sepultado”.
La alusión a las raíces te venía como anillo al dedo, aunque no lo pensaras.
Porque lo que fuiste después empezó a nacer en la infancia. En la chacra de Saladillo donde naciste y te criaste bebiendo el ejemplo de tus padres, los inmigrantes sirio libaneses, laburantes sin feriados ni relojes.
Eras muy chico, la edad de las bolitas, y ya te doblabas de madrugada sobre los surcos para sacar los yuyos de los cultivos, supiste de rosetas, de heladas, de cosechar batatas y de esos desayunos a la luz del farol, olorosos a  bifes y huevos fritos. Mucho trabajo, mucho amor y también lugar para los juegos pueriles.
En la última anécdota que me contaste –hace diez días-   evocabas cuando con uno de tus hermanos le hicieron ojitos y boca a la cáscara de media  sandía y le pusieron una vela encendida con la pretensión de asustar a tu papá cuando volvía  del campo: sólo cosecharon un ¡muchachos de mierda!
Pero había  más  que te caminaba por dentro“…este negrito piensa” decía tu tío, el vendedor ambulante que recalaba cada tanto en la chacra.
Terminaste sexto grado y Saladillo te ofreció el manantial de la biblioteca pública. Empezaste a devorar libros, a garrapatear poesías y artículos que te publicaron en el diario del pueblo
Te arrimaste a la política; todo te enamoraba, viviste enamorado. Seguiste a Moisés Lebensohn, a Arturo Frondizi, a Oscar Alende por nombrar algunos.
Apenas despuntaba la década del ’50 cuando una mañana  llena de viento y de tierra bajaste del tren en la estación de Trenque Lauquen, la ciudad que adoptaste por tuya.  Encontraste un lugar en la compañía La Primera y te fuiste metiendo en la vida institucional y social. Te casaste con Alice Iturrieta y nacieron Roberto y Mariela.
El periodismo te había atrapado definitivamente, comenzaste  a editar la revista  Atalaya del Oeste pero  la puntería iba mucho más allá. La meta era algo grande, digno de la ciudad que crecía promisoriamente. Hubo un tiempo en que lideraste Tribuna hasta que en 1974 echó a andar Editorial Trenque Lauquen para editar La Opinión hasta ese momento propiedad de la familia Sartoris.
Tres años más tarde llegarían los tiempos oscuros  de la intervención y de tu secuestro que se prolongó casi un año. No te doblegaron, tus compañeros de encierro te decían “El profeta” porque estabas lleno de barba, de pelo y de serenas palabras de aliento.
Los otros costados de  tu vida están resumidos, como te decía, en el cuadro de al lado. Todos esos puestos importantes, el  protagonismo, el renombre,  la facha que cargabas cuando empilchabas de señor ejecutivo, todo en este momento de la despedida, es aleatorio, casi un puñado de las anécdotas que tantas veces compartimos.
En esta hora del tránsito, Juan, lo que quiero rescatar especialmente, es todo lo que hiciste por el periodismo, a cuántos iniciaste en ese camino (me incluyo, claro); sabías explicar con paciencia y también se te volaban los patos  ¿te acordás cuando –en los tiempos de las máquinas de escribir – te mostré una nota y la hiciste un bollo que fue a parar a uno de esos canastos de alambre que había en la vieja Redacción?
Cuántas veces nos retiramos la palabra y nos miramos torcido… por dos o tres horas.
Perdías los anteojos y las llaves; después el celular. Después las tres cosas juntas. Lo que nunca perdiste fue el amor, tozudo y a veces desmañado, por el diario, tu tercer hijo.
Te vamos a extrañar mucho. Quedará el eco de ese  “Hasta mañana, Juan” de las tardecitas.